{"id":3450,"date":"2014-08-29T13:23:16","date_gmt":"2014-08-29T18:23:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.dianamartin.net\/es\/?p=3450"},"modified":"2014-08-29T13:23:16","modified_gmt":"2014-08-29T18:23:16","slug":"entran-tres-chicas-a-un-teibol","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dianamartin.net\/es\/entran-tres-chicas-a-un-teibol\/","title":{"rendered":"Entran tres chicas a un teibol\u2026"},"content":{"rendered":"<p>El \u00faltimo d\u00eda de enero fuimos a un teibol.<br \/>\n\u00edbamos a ser varias, probablemente un quinteto. Al final, paradas frente a los guardias trajeados\u00a0de la alfombra roja que marca la entrada al recinto, s\u00f3lo estuvimos tres. Llegamos bastante\u00a0temprano, apenas eran las 10 de la noche y el tr\u00e1fico de L\u00f3pez Mateos rug\u00eda a pocos metros.<br \/>\n\u201cS\u00f3lo pueden entrar hombres\u201d nos\u00a0informaron.<br \/>\n\u201cAh, pero es que usted no sabe, una de nosotras es hombre\u201d le\u00a0espet\u00e9 socarronamente al\u00a0vigilante. Cuando \u00e9ste puso cara de incredulidad y tambi\u00e9n de curiosidad, tratando de adivinar\u00a0cu\u00e1l de nosotras era el hombre travestido, le dije que no se lo creyera, que era broma. Pero que\u00a0nuestras intenciones de entrar y pasarla bien eran de lo m\u00e1s solemnes.<br \/>\nDe las primeras cosas que advert\u00ed es que bajo el cielo oscuro puedes hacer pasar como\u00a0elegante cualquier prenda medianamente bien cortada. Los refinados guardias deliberaron entre\u00a0ellos unos instantes y al final nos condujeron hasta la recepci\u00f3n forrada de tela carmes\u00ed. Ah\u00ed, a\u00a0la izquierda estaba la puerta de ingreso con su correspondiente arco detector de metales. A la\u00a0derecha, impresa en una hoja de papel bond pegada con una tachuela colgaba la lista de licores\u00a0que se ofertaban con sus respectivos precios, la botella de Absolut: un poco m\u00e1s de mil pesos.\u00a0No sab\u00edamos si \u00edbamos a poder entrar pero ya hab\u00edamos decidido que eso beber\u00edamos.<\/p>\n<p>Los caballeros tras el escritorio-recepci\u00f3n\u00a0de bordes curvos segu\u00edan muy serios. Yo ya\u00a0consideraba llamarle al novio de alguna de nosotras para usarlo como salvoconducto, aunque\u00a0un hombre entre nosotras hubiera cambiado el tenor de toda la noche. Ultimadamente debimos\u00a0parecerles una especie de respetables lesbianas enclosetadas dispuestas a gastar una lana<br \/>\nporque nos dejaron pasar. La entrada cost\u00f3 180 pesos, con un sexy de dos minutos incluido\u00a0con la chica que gustaras, siempre y cuando atendiera mujeres.<\/p>\n<p>Antes de que inciara la noche ten\u00eda sue\u00f1o. Pero cuando atravesamos el arco y por fin nos\u00a0internamos en el bule la emoci\u00f3n me puso alerta inmediatemente. El piso, las paredes, forradas\u00a0de tela roja, pulsaban suavemente con las luces danzarinas de colores que giraban sobre la\u00a0pista de baile en forma de ocho. Elegimos una mesa rodeada de sillones empotrados en la<br \/>\npared. Uno de los lugares m\u00e1s iluminados del negocio.<\/p>\n<p>Una de las chicas tom\u00f3 el sinuoso escenario, su figura gordibuena se contone\u00f3 con languidez,\u00a0una de sus manos aferrada a uno de los dos tubos met\u00e1licos, dominando los pasos sobre sus\u00a0tacones negros, altos como el v\u00e9rtigo. Se nos acerc\u00f3 un mesero, sol\u00edcito como pocos. Se\u00a0identific\u00f3 como: \u201cEl negrito\u201d. Pedimos el vodka aderezado de tres chicas que atendieran chicas.\u00a0Lo que solicitamos lleg\u00f3 enseguida.<br \/>\nLa muchacha que se sent\u00f3 a mi lado dijo llamarse Judith. A menos ese es su nombre en sus\u00a0jornadas nocturnas. Es de figura menuda y delicada, con una cara en forma de coraz\u00f3n, como\u00a0de princesa. Sus ojos eran de un azul pupilente, le daban un aspecto desconcertante a su\u00a0rostro\u037e como de algo irreal, como de un personaje de teatro, bajado de las tablas para hablar\u00a0contigo. Su piel blanqu\u00edsima estaba cubierta por transparencias de intrincados encajes y una\u00a0delgada membrana de seda. No est\u00e1 permitido tocarlas. No me aguanto la curiosidad y comienzo a\u00a0hacerle preguntas. Es de Monterrey, tiene 19 a\u00f1os, quiere ser crimin\u00f3loga.<\/p>\n<p>Una se\u00f1ora regordeta circula por el teibol, parece una de esas magn\u00edficas cocineras de\u00a0fritangas callejeras. Judith dice que ella es la \u201cMama\u201d, una figura cuya encomienda es hacerlas\u00a0sentir bien, ver por ellas, que coman, procurarles un analg\u00e9sico si tienen c\u00f3lico, dolor de\u00a0cabeza. Consolarlas si est\u00e1n borrachas, cuidarlas de los hombres que se propasan. A final de<br \/>\ncuentas, me queda claro que la Mama est\u00e1 ah\u00ed para chiquearlas. Eso me da gusto, es como\u00a0una ant\u00edtesis de la figura explotadora y cruel de la Madrota o del Padrote.<\/p>\n<p>\u201cDe hecho se come muy rico aqu\u00ed, hoy hay pescado, lasa\u00f1a, pizza. El cocinero hace platillos\u00a0muy ricos. Tambi\u00e9n puede prepararte una ensalada si est\u00e1s a dieta. Ustedes pueden ordenar\u00a0de cenar si gustan\u201d me\u00a0dice Judith.<\/p>\n<p>No hay un casting para trabajar aqu\u00ed. Simplemente te presentas a una entrevista y comienzas al\u00a0caer la noche. La jornada es de 10 pm a 6 am. Tienen sueldo base, lo que quiere decir que si\u00a0quieres te la puedes pasar sentada. Pero el verdadero dinero lo haces con los bailes, con los\u00a0sexies privados y claro, con el sexo.<\/p>\n<p>\u201cUna sesi\u00f3n de sexo cuesta alrededor de tres mil pesos. El cond\u00f3n es obligatorio y hay alguien\u00a0afuera del cuarto cuid\u00e1ndonos por si el cliente se pone mal\u201d<\/p>\n<p>Judith tiene que interrumpir su charla conmigo para subir a bailar, para mi sorpresa, se\u00a0contonea al ritmo de \u201cStrawberry Fields\u201d mientras se va despojando de sus velos y prendas\u00a0encaje hasta quedar topless y con nada m\u00e1s que una tanguita y sus taconazos.<br \/>\nPara esto, no crean que Judith se qued\u00f3 a compartir de manera gratuita tantos detalles de su\u00a0vida, tuve que comprarle una diminuta bebida que parec\u00eda de juguete, 250 pesos de\u00a0pr\u00e1cticamente puro jugo de naranja con un chorrito de alcohol.<\/p>\n<p>\u201cEs que tampoco nos podemos poner borrachas tan r\u00e1pido\u201d<\/p>\n<p>Una de las chicas que conversaba con otra de mis amigas se hace llamar \u00c1ngel, he de serle\u00a0justa, s\u00ed hace honor a su nombre. Sus tacones de aguja son de pl\u00e1stico transparente, dentro del\u00a0tac\u00f3n hueco bailan miles de part\u00edculas de brillantina.<br \/>\n\u201cA m\u00ed, la verdad, me caga estudiar\u201d declara\u00a0con desparpajo.<br \/>\nJudith dice que son libres de elegir su vestuario, la m\u00fasica y sus pasos de baile. Nadie las\u00a0fuerza a nada. La truculenta historia de explotaci\u00f3n que yo esperaba encontrar no aparece. La\u00a0truculencia eso s\u00ed, est\u00e1 en los gajes del oficio, detalles que enumera \u00c1ngel con la pierna\u00a0cruzada: la chica que estaba masturbando a un cliente en p\u00fablico, tener que aparentar que te<br \/>\ngusta un cliente para que te compre m\u00e1s bebidas o bailes privados, los furtivos agarrones de\u00a0trasero, las confesiones de los hombres acerca de vidas insatisfechas, o aquella memorable\u00a0ocasi\u00f3n en la que ingres\u00f3 un grupo de mujeres y, tras aposentarse en el rinc\u00f3n m\u00e1s oscuro,\u00a0esperaron a que llegara el marido de una de ellas. \u201cCuando el infeliz apareci\u00f3, se le fueron\u00a0encima a gritos y golpes\u201d.<\/p>\n<p>El sol\u00edcito mesero me insiste, por en\u00e9sima vez, que si le invito otro trago a Judith. Declino y ella\u00a0se despide, toda sonrisas, diciendo que me contactar\u00e1 para que le haga un dibujo porque las\u00a0paredes del depa que comparte con sus roomies, tambi\u00e9n bailarinas, est\u00e1n muy pelonas.<\/p>\n<p>A estas alturas de la noche he visto a tantas chicas en lencer\u00eda revoloteando alrededor de los\u00a0caballeros arrellanados en los sillones que comienzo a apreciar en vivo el magnetismo de una\u00a0dama enfundada en ropa interior breve y exquisita. S\u00ed que vimos a muchas de ellas con la pinta\u00a0cl\u00e1sica, el estereotipo burdo de la teibolera: pelo m\u00e1s all\u00e1 de la cintura, en capas, usando\u00a0tangas que apenas si son unas ligas alrededor de las caderas. Pero otras, como Judith,\u00a0demuestran audacia al tener otro estilo, m\u00e1s fino, en la sensualidad.<\/p>\n<p>Entonces tom\u00f3 el escenario una mujer que me impresion\u00f3, era como una aparici\u00f3n de los a\u00f1os\u00a0treintas: alta, con su cabello cortado estilo bob, lacio, brillante. Su fleco liso y sus labios rojos, su\u00a0cintura breve a medio camino entre los grandes pechos y las amplias caderas. Luc\u00eda no como\u00a0una mu\u00f1equita reci\u00e9n dejando la pubertad, como Judith, sino como una dama que ha visto y\u00a0vivido, con un cuerpo acorde, capaz de revelarse con sus secretos y recuerdos. Llevaba\u00a0ligueros de encaje negro por debajo de un vestido de gasa color aguamarina, su figura se\u00a0develaba desnuda a instantes seg\u00fan sus movimientos. Preguntamos por ella al mesero y tras\u00a0terminar su baile, Katia lleg\u00f3 a nuestra mesa.<\/p>\n<p>Primero le bail\u00f3 a una de mis amigas, contorsion\u00f3 su torso con tan elasticidad que pareci\u00f3\u00a0desprovista de huesos, frot\u00f3 r\u00edtmicamente su entrepierna contra la rodilla de ella, moviendo sus\u00a0caderas hacia adelante y atr\u00e1s, con la espalda arqueada, las piernas dobladas. Los meseros se\u00a0api\u00f1aron a nuestro alrededor, deseosos de ver. Indignada y divertida, los hice irse. Para un baile\u00a0privado debes pagar m\u00e1s. Luego me toc\u00f3 a m\u00ed. Me mor\u00eda de nervios.<\/p>\n<p>Nunca, a diferencia de otras mujeres heterosexuales, me han dado \u201casco\u201d las mujeres,\u00a0simplemente hasta ahora no se me han antojado de ese modo, por eso cuando Katia se sent\u00f3 a\u00a0horcajadas sobre mis caderas, balance\u00e1ndose y frot\u00e1ndose placerosamente, mis impresiones\u00a0corrieron de manera cerebral, analizando el momento, pensamiento tras pensamiento: esto es\u00a0lo que un hombre ve, lo que un hombre siente, esta dulzura, este perfume. Katia me dej\u00f3\u00a0tocarla, -tal<br \/>\nvez una concesi\u00f3n por ser mujer- deslic\u00e9\u00a0mis manos torpes por la curva n\u00edvea de\u00a0sus nalgas, por su cintura y su pelo, por ese peinado que me hab\u00eda encantado. Le pregunt\u00e9\u00a0d\u00f3nde hab\u00eda comprado sus ligueros.<\/p>\n<p>\u201cEn el mero centro, en Enrique Gonz\u00e1lez Mart\u00ednez\u201d<\/p>\n<p>Luego se irgui\u00f3 y apoy\u00f3 las manos a cada lado de mi cabeza, inclin\u00f3 su pecho hacia m\u00ed y mi\u00a0cara qued\u00f3 hundida entre sus senos. Nunca hab\u00eda sentido el cuerpo de otra mujer, s\u00f3lo visto y\u00a0admirado la est\u00e9tica de su dise\u00f1o. Cuando termin\u00f3, se despidi\u00f3 de m\u00ed con un brev\u00edsimo beso en\u00a0la boca. Pura suavidad.<\/p>\n<p>Y pues nada, que sigo esperando a que Judith me contacte para dibujarle.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El \u00faltimo d\u00eda de enero fuimos a un teibol. \u00edbamos a ser varias, probablemente un quinteto. Al final, paradas frente a los guardias trajeados\u00a0de la alfombra roja que marca la entrada al recinto, s\u00f3lo estuvimos tres. 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