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El hallazgo de un maravilloso espejo ñoño

Las dos mujeres se encontraban en una pausa. Una pausa de ésas que te das en el trabajo para comer algún manjar de esos que vienen a tu oficina tras invocarlos por teléfono. El manjar en cuestión eran un par de tortas «light» del local siempre-dispuesto-a-salvarte-la-vida Acá las tortas. Las dos mujeres, tras disfrutar sus bocadillos sanos e integrales todo lo que pudieron antes de darse cuenta de que su manjar a domicilio las derrotaría irremediablemente (no se las pudieron acabar), charlaron animadamente acerca de varios temas insulsos. Apenas se conocían, y estaban en esa etapa del conocimiento-del-otro en el que mides a tu interlocutor para sondearlo(a) y saber hasta dónde serás aceptado(a). Diana M. dejó caer que ella había ido a ver una película a las salas VIP de conocidísima cadena de cines. Diana M. (las dos mujeres se llamaban igual, y sus apellidos eran casi los mismos) se emocionó y le pidió que le contara como eran, ya que ella nunca había entrado en una. Diana M. le habló entonces de cuando se introdujo en dicho antro para disfrutar de la última parte de la trilogía de El Señor de los Anillos. Diana M. burbujeó de emoción cuando Diana M. dijo que: «Había dos ñoras sentadas al lado mío, y se babeaban cuando salía Legolas. Cuando llega esa escena al final en la que todos estan limpitos, resplandecientes y todos ríen cantarinamente bañados de luz…. «
Diana M. siguió la frase: «…al final entra Legolas todo peinado y con ropa nueva…»
Diana M. completó: » y las ñoras al verlo , exclamaron: ¡¿A que horas vas al pan papacito?!»
Las dos D. M. se carcajearon, luego estuvieron de acuerdo en que Orlando Bloom es demasiado bonito para ser guapo, y se horrorizaron al recordar los ademanes amariconados de Haldir (las dos D.M. recordaban perfectamente el nombre del elfo que atrapó a la comunidad del anillo cuando entraron a los bosques de Lothlórien) A esto siguió una plática extremadamente ñoña acerca de El Señor de los Anillos, ambas sabían que quería decir Cirith Ungol, ( «El paso de la araña») sabían que Ella-Laraña era solamente la última de las hijas de Ungoliant, un poderoso espìritu Maia oscuro, y que las águilas ( Landroval, Meneldor y Gwaihir) que rescatan a Frodo y a Sam de morir achicharrados en las grietas del Monte del Destino eran los hijos «pequeños» de la gran águila Thorondor. Podría seguirle con mas datos ñoñísimos acerca de la novela y la película que estas dos mujeres conocían, pero temo que los voy a aburrir. Las dos Dianas M. tuvieron que interrumpir su interesantísima charla para volver al trabajo, no sin que Diana M. levantara antes su mano derecha y, juntando los dedos que deben de ser, le hiciera a Diana M. la señal de los fans de Star Trek.